Carmen Escalona

Directora de la fundación Cambiando Vidas, que prepara comida para los presos del calabozo de PoliSalias. Conoció a Francisco y a su familia.

Audio completo y transcripción de la entrevista realizada por Johanna Osorio Herrera

Nombre del entrevistado: Carmen Escalona

Fecha de nacimiento: No aplica

Edad al momento de la entrevista: No aplica

Sexo: Femenino

Nivel de educación: No infoma 

CiudadSan Antonio de los Altos

MunicipioLos Salias

EstadoDistrito Capital

Región: Capital

¿El entrevistado es víctima directa de algún incidente relatado?: No

Fecha o rango de fechas del incidente mencionado en la entrevista: No aplica

Temas de derechos humanos relacionados: Vida, Salud/Alimentación

Tipo de violencia (si aplica): Política

Agresor: No aplica

Consecuencias de los hechos relatados: No aplica

Transcripción

¿En qué consiste la ayuda a los muchachos, y cómo es el procedimiento?

Comenzamos hace un año, aproximadamente, un poco más de un año. Comenzamos en las guarimbas que estaban en San Antonio, debido a que a los familiares no se le hacía fácil llegar hasta acá para traer comida, y entonces nosotros asumimos esa responsabilidad. Una vez que nos dimos cuenta de la necesidad que había, pues seguimos viniendo.

Hasta ahorita, lo que hacemos es que lunes y martes traemos comida para aproximadamente 15 presos, que son los que tienen familiares lejos o de bajos recursos. Entonces, el lunes y martes nosotros les traemos comida ellos, y jueves y viernes le traemos a todos los que están aquí recluidos.

Obviamente, recalcando la ayuda que hemos recibido de la comisario. Como decía, la comisario y el funcionario Landáez, ellos me ayudan a mí. Me dan harina, lentejas, me dan arroz, pasta en la semana, y la Alcaldía también me suministra verduras y aliños. Juntamente con la iglesia que yo llevo, aquí en el sector de Las Minas, en la zona industrial, que también me da arroz, pasta, harina, conforme a la capacidad que ellos tienen. Entonces, hemos hecho un grupo que, hasta ahora, gracias a Dios, tenemos más de un año constante viniendo a traerles las comidas. También siempre ayudamos con la medicina. El doctor Fernando, del CDI (Centro de Diagnóstico Integral) de Los Helechos también está siempre ayudándome con los medicamentos. Yo le llevo los récipe, y si ellos tienen una medicina, me la facilitan, y yo se las traigo.

De verdad que sí hemos trabajado, juntamente con PoliSalias, la Alcaldía y con el doctor del CDI de Los Helechos, y la fundación Cambiando Vidas, que trabaja con la iglesia.

¿Usted conoció a Francisco?

Sí, yo trabajé bastante con Francisco. Bastante estuve con Francisco. Lo ayudamos, lo ayudamos bastante. Lo que pasa es que, claro, él, yo digo, que ya él debía traer un trastorno un poco… Nosotros traíamos la comida, y él llegó al punto de apostar la comida. Entonces dejó de comer. Eso lo fue debilitando. Debilitando, entre una cosa y la otra. Yo pienso que él también debía tener algo en su mente. No estaba bien, no estaba cuerdo. Y fue empeorando su salud, hasta llegar a una desnutrición fuerte.

Pero, como te digo pues, ya después ellos le suministraban comida, más nosotros que le traíamos. Y llegó un punto en que él dejó de comer y empezó a apostarlo ahí adentro.

¿En qué consiste la ayuda a los muchachos, y cómo es el procedimiento?

Comenzamos hace un año, aproximadamente, un poco más de un año. Comenzamos en las guarimbas que estaban en San Antonio, debido a que a los familiares no se le hacía fácil llegar hasta acá para traer comida, y entonces nosotros asumimos esa responsabilidad. Una vez que nos dimos cuenta de la necesidad que había, pues seguimos viniendo.

Hasta ahorita, lo que hacemos es que lunes y martes traemos comida para aproximadamente 15 presos, que son los que tienen familiares lejos o de bajos recursos. Entonces, el lunes y martes nosotros les traemos comida ellos, y jueves y viernes le traemos a todos los que están aquí recluidos.

Obviamente, recalcando la ayuda que hemos recibido de la comisario. Como decía, la comisario y el funcionario Landáez, ellos me ayudan a mí. Me dan harina, lentejas, me dan arroz, pasta en la semana, y la Alcaldía también me suministra verduras y aliños. Juntamente con la iglesia que yo llevo, aquí en el sector de Las Minas, en la zona industrial, que también me da arroz, pasta, harina, conforme a la capacidad que ellos tienen. Entonces, hemos hecho un grupo que, hasta ahora, gracias a Dios, tenemos más de un año constante viniendo a traerles las comidas. También siempre ayudamos con la medicina. El doctor Fernando, del CDI (Centro de Diagnóstico Integral) de Los Helechos también está siempre ayudándome con los medicamentos. Yo le llevo los récipe, y si ellos tienen una medicina, me la facilitan, y yo se las traigo.

De verdad que sí hemos trabajado, juntamente con PoliSalias, la Alcaldía y con el doctor del CDI de Los Helechos, y la fundación Cambiando Vidas, que trabaja con la iglesia.

¿Usted conoció a Francisco?

Sí, yo trabajé bastante con Francisco. Bastante estuve con Francisco. Lo ayudamos, lo ayudamos bastante. Lo que pasa es que, claro, él, yo digo, que ya él debía traer un trastorno un poco… Nosotros traíamos la comida, y él llegó al punto de apostar la comida. Entonces dejó de comer. Eso lo fue debilitando. Debilitando, entre una cosa y la otra. Yo pienso que él también debía tener algo en su mente. No estaba bien, no estaba cuerdo. Y fue empeorando su salud, hasta llegar a una desnutrición fuerte.

Pero, como te digo pues, ya después ellos le suministraban comida, más nosotros que le traíamos. Y llegó un punto en que él dejó de comer y empezó a apostarlo ahí adentro.

Me dicen que su familia no lo visitaba. ¿Alguna vez conversaron sobre su abandono familiar?

Mi trabajo es ayudar sin mirar más allá de la situación. No quiero juzgar, no quiero cuestionar. Tampoco quiero ser fácil para dar alguna explicación que no me consta a mí. Entonces… yo sí tuve trato con la familia, pero sí fue ya como a los meses, ya cuando estaba grave. Ahí sí, yo sí comencé a trabajar con ellos como, digamos, que dos meses antes de él fallecer. Sí, antes de él fallecer. De hecho, yo acompañé a la hermana a hablar con un abogado. La acompañé a los tribunales, tratando de buscar la manera de hospitalizarlo. Pero, bueno, no se dieron las cosas. Y, de verdad, como te digo, no voy a sacar conclusiones rápidas que no me corresponden a mí.

¿Este es el único calabozo que ustedes visitan, o van a otros?

Nosotros vamos a PoliGuaicaipuro y queremos comenzar en Carrizal también, PoliCarrizal. A PoliGuaicaipuro sí lo tengo un poquito abandonado, tengo varios meses que no voy, pero, precisamente, por la misma situación de la comida, que se nos está haciendo un poco difícil. Y ya en PoliGuaicaipuro estamos hablando de que, cuando yo iba, había ciento y pico de presos.

Yo trabajaba con los que no tenía un familiar cerca, o por lo menos de bajos recursos, porque la familia de Francisco es de bajos recursos extremo. Entonces, de repente, ellos querían pero no podían. Por eso te digo que no voy a sacar conclusiones que no me corresponden.

Yo estoy aquí porque Dios me mandó, es su perfecta voluntad, verdad. Pero si yo lo voy a hacer juzgando, cuestionando, entonces yo creo que no lo voy a hacer bien. Tengo que hacerlo con el corazón de Dios. Haz el bien y no mires a quién, no mires la situación.

¿La familia de Francisco era entonces de bajos recursos?

Sí, de bajos recursos, sumamente bajos recursos. De hecho, yo estoy con dos hermanitos de él que están saliendo recién de quinto año, y he tratado de ayudarlos, de buscar que hagan un curso para que ellos tengan en qué ocuparse y no vayan a agarrar también la vida que, de repente, agarró Francisco por falta de oportunidades. Y, de hecho, la fundación que yo tengo se trata de eso: quiero darle la oportunidad a los jóvenes, un lugar donde ellos puedan acudir a tener clases de música, clases de lo que a ellos les guste, de inglés; a las mujeres, clases de costura. ¿Sabe? Donde ellos puedan tener esa oportunidad, porque yo tengo la iglesia aquí en el barrio Las Minas, y veo personas que no tienen con qué pagar un curso. Entonces, Dios ha puesto eso en mi corazón, y creyendo en mí, y ahorita estoy esperando que Dios me abra la puerta para un galpón muy cerca, para poder habilitar algunas aulas y poner un comedor. Quiero poner un comedor porque hay muchos niños por allí que no comen. Entonces, de repente, yo les doy harina, y yo les doy pasta y les doy arroz, y ellos se los llevan para su casa. ¿Qué tanto pueden comer ellos en sus casas? En cambio, aquí podrían comer desayuno, almuerzo y cena, y entonces la nutrición podría ser mejor, que sólo comer una o dos veces por semana en sus casas.

¿Cómo es la alimentación en los calabozos? ¿Qué requieren?

Aquí, como te dije, estamos trabajando muy bien, gracias a la disposición de la comisario y del jefe Landáez. En PoliGuaicaipuro también trabajaba con el comisario Mendoza, que es una gran persona, junto con Díaz, creo. La última vez que yo fui, ellos estaban habilitando un comedor. Que ya les estaban llegando las cajas (CLAP) fue lo que me dijeron.

Claro, ellos cocinaban cuando les llegaban, pero, de repente, si una semana no les llegaba, no cocinaban. Poco a poco, ellos estaban buscando la manera de cubrir esa necesidad de la comida.

A PoliCarrizal no he ido, sólo he trabajado aquí y en PoliGuaicaipuro. Pero sí estoy pendiente de ir, porque más que darles comida, también aprovecho para hablarles de Dios. De hablarles de esa parte tan importante, que es la espiritual. De hacerles entender que ellos pueden tener una vida diferente, si se agarran de Dios. Como te digo, aquí uno no está viendo por qué lo hiciste, que son los culpables, no… porque, así como fueron ellos, pudo haber sido mi familia, ¿no?

Sabes que la palabra dice que el enemigo anda como un león rugiente buscando a quien devorar, y algunos somos más débiles que otros. Tenemos menos oportunidades o, simplemente, familias disfuncionales, que también les afecta a muchos. Familias disfuncionales. Uno habla con esos chamos y son chamos que han sido maltratados por los padres, abandonados. Hay que tomar en cuenta eso también, porque, aunque la gente lo ignora, nosotros somos espirituales.

¿Desde que empezaron a atender a los muchachos, el año pasado, han visto deteriorada la crisis alimentaria?

Bueno, ahorita sí hubo un momento, como te dije, que tuve que para la atención a PoliGuaicaipuro, para atender PoliSalias, porque no podía atender a los dos; a veces se hace difícil. Como te digo, se hace difícil, porque, de repente, la comisario me puede dar comida para acá, pero lo que yo pueda recoger con la fundación, la iglesia, no es mucho, porque también tengo familias de bajos recursos. De repente, ellos sacan un arroz, una harina, y llevármelo. Pero, no, no nos cubriría mucho. Tpu aves ahorita cómo está el costo… y conseguirlo. Pero, bueno, ahí vamos, en el nombre de Jesús, creyendo, y sé que Dios seguirá abriendo puertas.

Entrevistadora: Johanna Osorio Herrera

Fecha de la entrevista: 3/09/2018

Lugar de la entrevista: Sede del Observatorio Venezolano de Prisiones

Cantidad de audios: 1

Duración de la(s) grabación(es): 00:13:15

Material relacionado: pódcast Murió de hambre y de olvido, de Johanna Osorio 

Lo que hacemos es que lunes y martes traemos comida para aproximadamente 15 presos, que son los que tienen familiares lejos o de bajos recursos.

Carmen Escalona

Directora de la fundación Cambiando Vidas

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